Los últimos movimientos en la Red

agosto 23, 2008 at 5:31 pm (5. WWW, 5.2. Los últimos movimientos de la Red)

Cuando se dio a conocer el Web en 1993 todo el mundo se propuso su explotación comercial, a ser posible su dominio, como se había hecho con otros medios del pasado. Pero lo cierto es que al final de la década, las apuestas contundentes por su control han conducido en la mayoría de casos a la bancarrota de grandes corporaciones y a la pérdida de mucho dinero por parte de miles de inversores particulares. Las propuestas de redes privadas del tipo America On Line, no han alcanzado suficiente competitividad frente a la Red libre. Incluso Microsoft, el gigante informático que ha mantenido una dura batalla contra la World Wide Web desde el año noventa y cinco en la que ha intentado por todos los medios imponer su navegador y autoproclamarse el gerente de los estándares por encima del W3C, si bien en algún momento ha estado cerca de acariciar su objetivo, el avance del nuevo milenio lo está alejando más que nunca de conseguirlos.
Y todo esto se debe en parte a una serie de avances técnicos fruto del trabajo colaborativo, pero sobre todo, a un cambio de actitud frente al Web. Un cambio de actitud por parte de sus usuarios y también de sus explotadores potenciales que han aprendido de los fracasos precedentes.
En cuanto a los avances puramente técnicos se trata más bien del perfeccionamiento de los recursos Web que ya existían, antes que la invención revolucionaria de nuevos códigos o nuevos sistemas de transmisiones. Para ilustrar esta nueva tendencia o actitud, observemos algunas de las propuestas exitosas para el Web del nuevo milenio. Como veremos, el éxito de las nuevas propuestas ya no se cifra en términos económicos, pero eso no quiere decir que de una buena lectura de lo que está pasando con el Web y sus usuarios no puedan derivarse iniciativas perfectamente rentables.

La empresa Google Inc . es un perfecto ejemplo de cómo se puede hacer dinero con la Web entrando en su propia lógica, entendiendo los intereses de sus usuarios y no, como se pretendió durante los años noventa, mediante una política de apropiación, como si se tratara de un medio del pasado.
El concepto de buscador nace tempranamente, cuando el contenido Web empieza a ser tan ingente que no bastaba el navegador para explorarlo con eficiencia. El propio MIT, sede del W3C, desarrolla en 1993 un buscador de URIs, el Wandex, producto del proyecto World Wide Web Wandered que consistía en un robot que pretendía medir el tamaño de la Web. A este le siguieron otros buscadores más rápidos y eficaces, creados a base de recopilaciones de páginas web interesantes, indexadas siguiendo distintos métodos. En 1994, el Webcrawler de Brian Pinkerton , supuso un paso cualitativo en la tecnología de buscadores al ser capaz de indexar las páginas de forma completa, de manera que podía buscar en todo el texto y no solo en la dirección URI como se había hecho hasta la fecha. Así que cuando Sergey Brin y Larry Page, los fundadores de Google Inc., comenzaron a investigar en 1996 en la Universidad de Stanford en su prototipo de buscador, ya existía una fuerte competencia en la materia tanto en el plano comercial: grandes corporaciones compraban los servicios de los buscadores más potentes y se ganaban interesantes cantidades a través de la publicidad que podía colgarse en la página de inicio; como en el técnico: la propia Universidad de Stanford estaba desarrollando un nuevo sistema de búsqueda basado en complicados algoritmos que intentaban crear un sistema parecido a los sinónimos mediante estadísticas entre las relaciones de palabras, de forma que se podía realizar una búsqueda obteniendo resultados aunque la palabra clave no existiera en la página.
Sergey y Larry, con solo veintitrés años, supieron aprovechar todos estos avances y dieron un paso más allá, demostrando su comprensión profunda de la naturaleza del Web. Hasta entonces todos los sistemas de búsqueda estaban fundamentados en parámetros apropiados para la escritura lineal: asignación de categorías, orden cronológico, orden alfabético, familias de palabras, frecuencia de contacto entre dos términos… se intentaba dar un orden a la estructura rizomática del Web, de naturaleza desorganizada y desjerarquizada. Se creaban programas que rastreaban el Web como si se tratara de un conjunto de textos, cuando el Web, había sido diseñado como un único hipertexto. Cada página web es un hipertexto en el que tan relevante es la información que presenta como la que vincula. Lo que hace necesariamente inestable su organización, es que ésta se sustenta en el vínculo, en los enlaces que continuamente incorporan o modifican sus usuarios a placer. Pensando en hipertexto, Sergey Brin y Larry Page, desarrollaron una tecnología que evaluaba la importancia de un sitio web acorde con los enlaces que recibía. El resultado fue un espectacular aumento de la precisión en las búsquedas. En 2001 se patentó el sistema PageRank de búsqueda que consiste en una serie de algoritmos secretos, que clasifica las páginas en orden de importancia del uno al diez, con arreglo a la cantidad y a la importancia de las páginas que vinculen un sitio. Por supuesto, los datos que se introduzcan en el algoritmo pueden ser mejorados o variados, pero lo importante es que se ha abierto una nueva línea de investigación que no solo se adapta al modelo organizativo del hipertexto, sino que además confía su precisión al flujo de vínculos que generan los propios usuarios, adecuándose de esta manera a la naturaleza democrática del Web.
Por otro lado adoptaron una política de propaganda “no agresiva” evitando los anuncios emergentes y disponiendo los enlaces publicitarios de manera muy discreta. Además, con el uso de sus algoritmos pudieron desarrollar un sistema que permite mostrar solo propaganda relacionada con el término de búsqueda, con lo que se mejora la efectividad del anuncio tanto para el publicista como para el usuario.
Por último cabe señalar otra característica de Google que se adecua a la perfección a ese cambio de actitud que apuntábamos más arriba frente al Web. Google se establece como una empresa de desarrollo de servicios web, que luego distribuye gratuitamente. Al estilo de Netscape, cuando en 1995 comprobó que en el Web la presencia era más rentable que ningún precio de venta al público, Google se esfuerza en proponer servicios gratuitos para sus usuarios. En la medida que estos sitios sean atractivos y de interés, tendrán un volumen mayor de visitas, y en la medida que haya un gran número de audiencia, los publicistas pagarán más por alojarse en ellos. No existe una versión definitiva, nos encontramos siempre ante la “versión beta”, una versión en prueba constante, susceptible de ser mejorada y modificada. Las versiones definitivas pertenecen al pasado.
Y todo esto sin olvidar que Google, tiene una política hasta ahora bastante respetuosa con la comunidad de Software Libre, ya que ha ayudado en la difusión del navegador de código abierto Mozilla Firefox, versión libre del navegador Netscape tras su derrota ante el Internet Explorer de Microsoft.

Otras iniciativas propias de la nueva percepción del Web son de una rentabilidad más moderada o incluso de una rentabilidad que sólo se puede entender en términos filantrópicos.
De la primera clase debe mencionarse PHP-Nuke , del Venezolano Francisco Burzí, un sistema automatizado de noticias basado en la web y sistema de gestión de contenido, que facilita tremendamente la tarea de gestionar y publicar un portal web o un grupo de noticias, con lo que ha colaborado a incrementar sustancialmente el porcentaje de personas que, sin excesivos conocimientos de lenguaje HTML, puede incorporar su voz a la conversación del Web. El sistema fue liberado bajo una licencia de Software Libre GNU GPL, y era distribuido gratuitamente hasta su versión 7.5 que requería un pago de diez dólares por su descarga. La versión 8.0 cuesta doce dólares .
De hecho el tema de los Gestores de Contenidos (CMS), es un punto determinante para la evolución del Web que viene. Se trata de programas que facilitan enormemente la edición para personas no iniciadas, y que permiten una variada posibilidad de niveles de participación: desde páginas en las que solo puede incorporar información el dueño del sitio, hasta páginas en las que cualquier visitante puede eliminar, producir o modificar cualquier parte del contenido. Los foros, los blogs, los Wikis, y muchos sitios Web en general, están considerados Gestores de Contenidos.
En la nómina de iniciativas absolutamente colaborativas y sin ánimo de lucro, destaca, por la belleza de sus ideales y por la calidad de sus resultados, el proyecto Wikipedia.
Wiki , es una palabra que viene del hawaiano y significa “rápido”. Básicamente un Wiki es un sitio web colaborativo en el que pueden modificar todo el contenido sus usuarios. En otras palabras: se trata de un hipertexto colaborativo. Ward Cunningham, quien inventa el sistema Wiki en el año 1995, lo define como “la base de datos en línea más simple que pueda funcionar”. En 2001, Jimbo Wales y Larry Sanger decidieron utilizar un Wiki para su proyecto de enciclopedia Wikipedia. Es absolutamente imposible que nadie fuera capaz de imaginar lo que iba a ser de este proyecto. Larry Snager un doctor en filosofía por la Universidad de Ohio, trabajaba para Jimbo Wales en una enciclopedia en línea llamada Nupedia. Cansado del lento progreso del trabajo propuso a Jimbo la creación de un Wiki, cómo se suele hacer en muchos proyectos de programación informática. El resultado fue una enciclopedia en línea y participativa, en la que Larry Sanger era el único editor remunerado, hasta que renunció en marzo de 2002.
Para comprender el proyecto Wikipedia puede ser muy ilustrativo leer el artículo que desde hace poco vincula en cada una de sus entradas la Wikipedy en inglés: Ten things you did not know about Wikipedy . El contenido de este artículo de proyecto, blindado y redactado a instancias del consejo de administración, podía encontrarse sólo en italiano, portugués y francés, a parte del inglés. Simplemente me he registrado, he aventurado una traducción al castellano y la he publicado, de manera que ya puede ser visitada en 10 cosas que no sabías de Wikipedia . Así es cómo funciona esto. Incluyo físicamente aquí el artículo, en previsión de que este documento no esté siendo leído en formato digital:

La nueva actitud en el Web, más popular, más colaborativa, más hipertextual que nunca, en la que prima el servicio al usuario y no la concepción del usuario como cliente… fue percibida por el pionero del Web Dale Dougherty y el escritor e informático Tim O’Reilly en una sesión de brainstorming durante una conferencia, en la que surgió el concepto de Web 2.0 . El término se hace necesario, según Dougherty, cuando, después del desastre financiero de las punto com, después de la derrota de Netscape frente a Microsoft, y en general, tras comprobarse el escaso poder de facto de los organismos de estandarización, el Web continuaba creciendo en importancia y en calidad. De hecho se encontraba en el mejor momento de su historia. Para muchos el término Web 2.0 no significa nada, se trata de una noción más bien vacía de contenido, que funciona bastante bien como eslogan publicitario para las nuevas empresas que continúan buscando la forma de explotar comercialmente el Web. Probablemente todo esto también sea verdad. Pero lo cierto es que el término Web 2.0 ha señalado una percepción que estaba flotando por encima de muchas conciencias antes de que Tim O’Reilly se esforzara en promocionarla.
Lo cierto es que es un término que ha sido exitoso y a día de hoy ofrece setecientos ochenta y siete millones de citaciones cuando se introduce en Google. Pero más allá del término, de su concepción interesada o de su pertinencia, es evidente que el futuro está deparando un Web nuevo, es decir, un nuevo universo hipertextual. Pero, paradójicamente, el hipertexto que viene no está revestido de nuevas nociones revolucionarias, sino que por el contrario, cada vez se adecua más a las primeras nociones de hipertexto, a las que insistían en la colaboración y en la disponibilidad de la información.
Con la Wikipedia, y es solo un ejemplo, se reeditan nociones como la del bibliotecario cibernético de Vannevar Bush que rastreaba el conjunto del saber humano para luego crear “senderos de información” vinculados. Este mundo es el que nos interesa, es en esta dirección que deben moverse las humanidades, sin dejar de hacer lo que siempre han sabido hacer mejor: conservar, iluminar y criticar el conocimiento. Las nuevas humanidades deben asegurarse de que su influencia decisiva y beneficiosa no queda aislada en las pesadas hojas de papel del mundo físico. Las nuevas humanidades deben asumir cuál es el mundo en que viven y no dejar que la situación privilegiada del técnico en esta sociedad tecnócrata le permita imponer un solo punto de vista. Debe alzar su voz alta y contundente hasta que ocupe el lugar en la conversación global que le corresponde. Porque detrás de toda esta apabullante libertad y expansión potencial del conocimiento, lo que hay es una red deficiente de computadores en la mayor parte del planeta, y unos sistemas de protección de los derechos y los privilegios de los ciudadanos de la Red absolutamente inestables y sostenidos en personalidades individuales. No se sabe cuanto tiempo durará este equilibrio de fuerzas entre lo que “se debe” hacer y lo que “sale más rentable”, que hasta ahora mantienen en tensión a las organizaciones de la Red como el W3C por un lado y a los gigantes mediáticos y financieros como Microsoft por el otro. Y lo que es peor, nadie sabe qué pasará cuando la extensión de la Red alcance por fin a porcentajes verdaderamente representativos de la población del planeta. ¿Cuáles serán entonces los interesados en su dominio? ¿Cómo ejercerán entonces su control los leviatanes que para sobrevivir deben devorarlo todo? ¿Qué será de las tecnologías que en poco más de diez años han cambiado el mundo, dentro de cincuenta, sesenta o cien años?
Si queremos llevar todas estas cuestiones a buen puerto, no podemos permitir que las humanidades queden al margen del debate.

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