Iniciativas encaminadas a la publicación y almacenaje de textos tradicionales y su publicación en una red hiper-vinculada

agosto 23, 2008 at 5:43 pm (3. APORTACIONES HUMANÍSTICAS, 3.1 Iniciativas encaminadas a la publicación y almacenaje de textos tradicionales y su publicación en una red hiper-vinculada)

Recordemos que se trata éste de un objetivo capital e indisociable de toda propuesta Hipertextual desde aquella máquina Memex de Vannevar Bush hasta el proyecto Xanadú de Theodor Nelson.
La tentativa más exitosa hasta la fecha de conversión al formato digital de textos tradicionales es, sin duda, por su antigüedad y su adaptabilidad a los sucesivos avances informáticos, el Proyecto Gutenberg. Se trata a su vez de un producto indisociable de la tecnología que permitió la posibilidad de publicar documentos digitales accesibles desde cualquier ordenador, es decir, Internet. En el año 1971 la incipiente red conocida como ARPANET, conectaba diversas universidades norteamericanas mediante quince ordenadores que realizaban la función de nodos principales. A Michael Hart, estudiante en aquella época de la universidad de Illinois, le fue dado trabajar con uno de estos ordenadores, el Xerox Sigma V en una época en la que el potencial de Internet era todavía mayor que las ideas a cerca de qué hacer realmente con él. El joven Hart se encontró con un valiosísimo tiempo de conexión a una red que ofreciendo posibilidades casi infinitas, carecía prácticamente de contenidos. De hecho, el joven Michael, que no se veía capaz de aportar gran cosa en el ámbito de tecnología de computerización, decidió emplear el tiempo de conexión del que disponía en dotar a la red de contenidos. El primer texto que incorporó fue la Declaración de Independencia de los Estados Unidos (por supuesto debía ser un texto libre de derechos de autor) y lo envió a todos los terminales a los que tenía acceso, no más de un centenar de personas, como si de un actual virus informático se tratara. Así nació el primer e-Book del proyecto Gutenberg, siguiendo la terminología de Andrie Van Dam para referirse a las publicaciones digitales. Nosotros preferimos utilizar el adjetivo “digital” en lugar de “electrónico” tal y como recomienda la Presentación del número 142 de la revista Novatica, que recoge una selección de artículos de las Jornadas de Publicación Electrónica: un Nuevo Espacio de Comunicación, celebradas en la Universidad Carlos III de Madrid en Julio de 1999 .
Hoy en día el Proyecto Gutenberg cuenta con un ideario bien definido en el que se expone su filosofía, y con más de cincuenta mil libros digitales publicados en más de cuarenta lenguas distintas. Se trata de un proyecto de colaboración en el que cada usuario puede contribuir con su tiempo o dinero en las múltiples tareas que requiere el mantenimiento y ampliación de todo el servicio. La contrapartida de todo esto es que su propia magnitud está complicando en la actualidad su capacidad de crecimiento, tanto por problemas técnicos de almacenaje, como por agotamiento de los recursos humanos necesarios.
Pero el proyecto continúa y lo hace siendo fiel a sus premisas de gratuidad y accesibilidad, lo cual es muy meritorio en una sociedad racionalizada en torno a la productividad material. Ante todo, creemos que Michael Hart merece ser recordado por su capacidad visionaria. En un momento en el que la Red era un sistema de comunicación ínfimo, él supo ver el potencial que albergaba y vislumbró un futuro en el que miles de millones de personas podrían acceder a miles de millones de libros simultáneamente. Michael Hart supo ver y aprovechar una cualidad importantísima de la tecnología digital, la que él denomino Replicator Technology, que consiste en la capacidad de todo documento que se sube a la Red para producir un número potencialmente infinito de copias, a las cuales se puede acceder desde cualquier parte del mundo (“o de fuera de este mundo gracias a los satélites”, se atreve a bromear en la página oficial del Proyecto) .
No han sido pocos los escollos que el proyecto de Michael Hart ha tenido que sortear para mantenerse activo durante treinta y seis años. Su propuesta de distribución pública y gratuita cuestionó desde el momento en que se subió a la red la primera letra, la utilidad de mantener un sistema editorial que basa la mayoría de sus ingresos en ofrecer unos servicios (de recopilación y distribución de obras clásicas) que se tornaban innecesarios, al menos en el nivel más primario de acceso al texto, es decir, el de el acceso al texto llano sin demasiada precisión filológica. Esto ha supuesto naturalmente fuertes tensiones con el mercado editorial y con las sociedades de autores que continuamente pugnan por ampliar el plazo de prescripción de los derechos autoriales. No es en absoluto casualidad que el Proyecto Gutenberg no haya tenido prácticamente resonancia mediática, ya que por su naturaleza marginal al sistema económico capitalista no se ha podido invertir en propaganda para su visibilización. Antes bien, los fortísimos intereses económicos que el Proyecto pone en peligro, se han esforzado en silenciarlo y boicotearlo en la medida de sus posibilidades, y buena prueba de ello es el hecho de que ningún gobierno ha consentido apoyar un servicio que, en el fondo, no dista del ofrecido por las bibliotecas públicas.
La “Tecnología de Replicación” supuso un paso adelante demasiado grande para ser asumido por el Marco Institucional de las sociedades desarrolladas. Lo atestiguan las continuas polémicas suscitadas por los programas que permiten compartir datos como Napster, e-Mule… (herederos, todos ellos, de la iniciativa original de Michael Hart) que han puesto de manifiesto una importante laguna legal: ¿debe ponerse cortapisas al avance tecnológico por mor del mantenimiento de un sistema que no favorece a la mayoría? ¿Debe punirse la voluntad de compartir sin ánimo lucrativo lo que uno tiene? Lo cierto es que los defensores del “antiguo régimen” como por ejemplo la SGAE —un organismo que funciona con el mismo espíritu conservador e interesado de los gremios medievales— han intentado “parchear” la situación con la imposición de tasas a la compra de cedés vírgenes y otro tipo de medidas de dudosa moralidad , que en cambio han contado con el beneplácito de las autoridades estatales y la justicia.
Puede decirse que Michael Hart es la persona que durante más tiempo ha sufrido la patente falta de simetría entre los cauces legales tradicionales de distribución y recepción de la propiedad intelectual y los nuevos modelos de comunicación instaurados por Internet. En una magnífica entrevista realizada por Sam Vaknin en 2005, Hart resumía con esta tesis concisa e incisiva, la base de todo el problema:

I would have to say the most important thing I learned in the past 35 years of thinking about eBooks is that the underlying philosophy since time immemorial is:
“It is better if I have it, and YOU do NOT have it.”

En cualquier caso la situación actual del Proyecto Gutenberg es muy interesante ya que en la nuevísima generación de contenido Web estamos siendo testigos de un renacimiento de este tipo de iniciativas basadas en compartir desinteresadamente y de manera cada vez más sencilla. Por supuesto el Proyecto Gutenberg no ha permanecido al margen de los nuevos sistemas de gestión de contenidos Wiki ni de los formatos de publicación cada vez más versátiles.
Además del Proyecto Gutemberg en los últimos diez años y gracias a la tecnología Web, han proliferado las bibliotecas digitales por todo el mundo. La Universidad de Alicante publica una lista de las bibliotecas digitales y virtuales más importantes de España y Estados Unidos, entre las que cabe destacar la del Instituto Cervantes , que es una compilación de 280 proyectos de bibliotecas virtuales, o la Virtual Library of the W3 Consortium fundada por el propio Tim Berners Lee, que constituye un importante índice de contenidos académicos en la Web realizado por especialistas de cada campo. Lo más interesante de estas iniciativas es que pretenden proveer de versiones de los textos tan fidedignas y precisas como cualquier libro editado en forma tradicional.
Pero no nos interesa aquí desviarnos del análisis de los sistemas hipertextuales pre-Web. Los e-Books de Michael Hart cubren una parcela importante de la noción que pretende abarcar el hipertexto: la de crear un índice accesible que contenga toda la literatura mundial. Pero para llegar a ser hipertextos les falta la característica imprescindible de estar conectados entre sí por una red no jerárquica de hipervínculos por la que el lector pueda moverse a voluntad. Tal y como está planteado el proyecto de Hart, se trata más bien de una base de datos de textos digitales que de un auténtico sistema de hipertexto.
Esto nos lleva al siguiente tipo de iniciativa de orientación Humanista, enderezada a dotar de contenido real al concepto, hasta el momento tenue y etéreo, del hipertexto.

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